viernes, 18 de octubre de 2019
Beber y no para olvidar
De mi columna en El Día de Zamora.
Más cabreado que nunca anda mi
indignado favorito en lo referente a las recién finalizadas fiestas de San
Pedro, “tan aburridas como siempre y con ese tufo provinciano que no somos
capaces de quitarnos de encima, si es que lo intentamos, porque pienso, a
veces, que nos va ese papel y no sabríamos qué hacer con otro”. Mi indignado
favorito no lo dice, pero le
cansa, mayormente, no poder
dormir en unas cuantas noches seguidas a cuenta del local que hay en los bajos
de su casa, vacío todo el año y “alquilado por cuatro perras en estos contados
días” me comentaba ya el pasado año y, después de recordárselo, asiente y acaba
confesando el pensar como la mayoría por muy indignado que sea.
-Mira que yo he bebido
–reconoce-. Mira que hice el gamberro en su día, pero éramos cuatro y no tan
críos, coño.
-Todos los años es lo mismo –le
digo-. Se habla y escribe sobre ello, pero al año siguiente, igual o más de lo
mismo.
-Es algo así como “el que no beba
es tonto” por parte de ellos, los críos y, como tú escribiste una vez, Esteban,
el Poder prefiere una juventud borracha que lúcida, manipulable para sus
intereses.
-Al poder, claro que sí le
interesa –me contesto a mí mismo, pensando ya en los padres y haciéndome las
mismas preguntas que me hago cuando intento ponerme en lugar de los
progenitores y su desidia, su dejadez, su cicatería a la hora de poner remedio
a una alarma cada vez más social y, paradójicamente, cada vez más de andar por
casa, que es donde prende la raíz del problema, no lo duden.
viernes, 4 de octubre de 2019
Tarde en Miranda do Douro o del Duero.
De mi columna en EL día de Zamora
Qué sé yo el tiempo que no
visitaba Portugal, ese país que está a tiro de piedra de los zamoranos, al que
consideramos una extensión del nuestro y bien pudiéramos ser nosotros una
extensión de él, con Lusitania siempre en mente y Viriato campeando para purgar
de por vida nuestra dejadez de súbditos, ya que jamás entró en nuestras mentes
ese concepto de ciudadanos al que debiéramos aspirar con todas sus
consecuencias.
Es impresionante, desde la
carretera aún en tierras zamoranas o españolas, Miranda de Duero, con el río de
frontera natural, encajonado en Los Arribes y sus vertiginosas paredes
graníticas, su catedral recortada en el horizonte configurado en lo más alto de
la cuenca fluvial, rompiendo su monotonía y avisándonos de la importancia de la
ciudad.
Les comento a mis acompañantes
las preguntas que les hacía un escritor portugués a los peces del Duero en este
mismo enclave, interesándose por su nacionalidad y si generalizo con ese
escritor, sin darle un nombre, es porque ninguno de los tres que ocupamos plaza
en el mismo coche, recordamos su nombre, aún sabiendo que hablamos de él y
tardaremos un buen rato en que uno de nosotros lo pronuncie. Una vez en Miranda
do Douro o del Duero, ya se sabe; dudas si no estarás aún en Zamora, en la
calle Santa Clara, por ejemplo, debido a la cantidad de zamoranos con los que
te encuentras y alguno de los élite esta vez, Demetrio Madrid, sobre el que uno
de mis acompañantes tiene la ocurrencia de comentar: “La primera vez que lo veo
fuera del Consultivo”. Los otros dos, sorprendidos, le preguntamos al unísono,
¿pero lo viste alguna vez allí? Y termina por reconocernos que no. “Es una
forma de hablar”.
Ya en la comida, en los postres,
el comensal que tengo enfrente, exclama:
-Ya lo tengo: Saramago.
Estadísticas
De mi columna en El Día de Zamora
Parece ser que el pasado mes
abril fue el más lluvioso desde mil novecientos veinte, siempre según las
estadísticas, que para eso están desde que existen y digo esto último porque
antes de su existencia, lógicamente, no había de donde partir para comparar,
salvo la memoria de los viejos del lugar, que no siempre se ponían de acuerdo.
-Para frío, el del año cincuenta
y seis.
-Estás equivocado, fue el del
cincuenta y siete. Acuérdate la de niños que nacieron en el pueblo en el cincuenta
y ocho, señal de que anduvimos como conejos para combatir el frío, todo el día
en la madriguera.
La única vez que estuve en Suiza,
recuerdo días de cuarenta grados centígrados, algo que no esperaba y dio al
traste con mi soñado verano fresquito.
-Desde que existen estadísticas,
es el mes de agosto más caluroso en Zurich -me dijo mi hermana que habían dicho
en las noticias.
Ahí lo tienen otra vez: “Desde
que existen las estadísticas”. Seguro que en la historia helvética ha habido
agostos más calurosos, pero no había datos para comprobarlos y los viejos del
lugar están ya fuera de una memoria colectiva que caduca, por muy suizos que
sean y expertos en relojes de cuco, dicho esto último de balde y sin
estadísticas que lo contrasten.
Tuve una novia que trabajaba con
estadísticas sin que yo lo supiera. Me enteré el día que me dijo cuando quise
cortar con ella: “Tú verás, pero desde antes de que existieran las
estadísticas, nadie te ha querido ni te querrá como yo y de eso entiendo un
rato”
Aquello me derrotó y me dejó,
estadísticamente, tocado.
Tangos sociales
De mi columna en El Día de Zamora
Vuelvo a escuchar, después de
bastante tiempo, “Silencio en la noche”, el tango compuesto y cantado por
Carlitos Gardel, todo un alegato contra las guerras a través de una letra
pulcra por su sentido de la decencia humana, que nos causa un desgarro profundo
en el personaje central, la viejecita que se quedó muy sola, sin sus cinco
hijos, pero “con cinco medallas, que por cinco héroes le entregó la patria”.
Me recuerda a la película “Salvad
al soldado Ryan”, solo que el tal soldado era un pobre imbécil –no confundir
con imbécil pobre- que prefería seguir en la contienda en lugar de regresar con
su madre, a la que ya solo le quedaba él como hijo, después de perder a su
prole en la misma contienda. Aquí, los guionistas se lucieron con una patria
comprensiva, al rescate de unos valores que Ryan borró de un plumazo y un
sentido patriotero que gustó mucho a varios espectadores con los que coincidí
en el estreno de la película, sintiéndose, me imagino, acreedores de cualquier
medalla al uso.
Volviendo al tango y al contrario
de lo que mucha gente piensa, no nació para glosar al amor, al desamor, a la
traición amatoria y todos esos derroteros sentimentales en los que confluyó
finalmente, más por razones comerciales que por otra causa, ya que el tango fue
un sentimiento social, una musa contra el desencanto argentino en una época de su historia, en la que nacería
el popular “Cambalache”, popularizado aquí por Serrat y creado por Santos
Discépolo y a los que habría que añadir “Pan”, “Argentina primer mundo”… Una época,
en todo caso, muy parecida a la actual y es que nuestro mundo anda y se desanda
y, sobre todo, gira como en el tango, pero en un tango social.
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Los extraños
De mi columna en El Día de Zamora Llegaron a la casa recién adquirida, con la lógica lealtad que esperamos de todo aquello que compramos: q...
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