De mi columna en El Día de Zamora.
Más cabreado que nunca anda mi
indignado favorito en lo referente a las recién finalizadas fiestas de San
Pedro, “tan aburridas como siempre y con ese tufo provinciano que no somos
capaces de quitarnos de encima, si es que lo intentamos, porque pienso, a
veces, que nos va ese papel y no sabríamos qué hacer con otro”. Mi indignado
favorito no lo dice, pero le
cansa, mayormente, no poder
dormir en unas cuantas noches seguidas a cuenta del local que hay en los bajos
de su casa, vacío todo el año y “alquilado por cuatro perras en estos contados
días” me comentaba ya el pasado año y, después de recordárselo, asiente y acaba
confesando el pensar como la mayoría por muy indignado que sea.
-Mira que yo he bebido
–reconoce-. Mira que hice el gamberro en su día, pero éramos cuatro y no tan
críos, coño.
-Todos los años es lo mismo –le
digo-. Se habla y escribe sobre ello, pero al año siguiente, igual o más de lo
mismo.
-Es algo así como “el que no beba
es tonto” por parte de ellos, los críos y, como tú escribiste una vez, Esteban,
el Poder prefiere una juventud borracha que lúcida, manipulable para sus
intereses.
-Al poder, claro que sí le
interesa –me contesto a mí mismo, pensando ya en los padres y haciéndome las
mismas preguntas que me hago cuando intento ponerme en lugar de los
progenitores y su desidia, su dejadez, su cicatería a la hora de poner remedio
a una alarma cada vez más social y, paradójicamente, cada vez más de andar por
casa, que es donde prende la raíz del problema, no lo duden.
No hay comentarios:
Publicar un comentario