viernes, 18 de octubre de 2019

Beber y no para olvidar





De mi columna en El Día de Zamora.
Más cabreado que nunca anda mi indignado favorito en lo referente a las recién finalizadas fiestas de San Pedro, “tan aburridas como siempre y con ese tufo provinciano que no somos capaces de quitarnos de encima, si es que lo intentamos, porque pienso, a veces, que nos va ese papel y no sabríamos qué hacer con otro”. Mi indignado favorito no lo dice, pero le
cansa, mayormente, no poder dormir en unas cuantas noches seguidas a cuenta del local que hay en los bajos de su casa, vacío todo el año y “alquilado por cuatro perras en estos contados días” me comentaba ya el pasado año y, después de recordárselo, asiente y acaba confesando el pensar como la mayoría por muy indignado que sea.
-Mira que yo he bebido –reconoce-. Mira que hice el gamberro en su día, pero éramos cuatro y no tan críos, coño.
-Todos los años es lo mismo –le digo-. Se habla y escribe sobre ello, pero al año siguiente, igual o más de lo mismo.
-Es algo así como “el que no beba es tonto” por parte de ellos, los críos y, como tú escribiste una vez, Esteban, el Poder prefiere una juventud borracha que lúcida, manipulable para sus intereses.
-Al poder, claro que sí le interesa –me contesto a mí mismo, pensando ya en los padres y haciéndome las mismas preguntas que me hago cuando intento ponerme en lugar de los progenitores y su desidia, su dejadez, su cicatería a la hora de poner remedio a una alarma cada vez más social y, paradójicamente, cada vez más de andar por casa, que es donde prende la raíz del problema, no lo duden.

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