De mi columna en El Día de Zamora
Parece ser que el pasado mes
abril fue el más lluvioso desde mil novecientos veinte, siempre según las
estadísticas, que para eso están desde que existen y digo esto último porque
antes de su existencia, lógicamente, no había de donde partir para comparar,
salvo la memoria de los viejos del lugar, que no siempre se ponían de acuerdo.
-Para frío, el del año cincuenta
y seis.
-Estás equivocado, fue el del
cincuenta y siete. Acuérdate la de niños que nacieron en el pueblo en el cincuenta
y ocho, señal de que anduvimos como conejos para combatir el frío, todo el día
en la madriguera.
La única vez que estuve en Suiza,
recuerdo días de cuarenta grados centígrados, algo que no esperaba y dio al
traste con mi soñado verano fresquito.
-Desde que existen estadísticas,
es el mes de agosto más caluroso en Zurich -me dijo mi hermana que habían dicho
en las noticias.
Ahí lo tienen otra vez: “Desde
que existen las estadísticas”. Seguro que en la historia helvética ha habido
agostos más calurosos, pero no había datos para comprobarlos y los viejos del
lugar están ya fuera de una memoria colectiva que caduca, por muy suizos que
sean y expertos en relojes de cuco, dicho esto último de balde y sin
estadísticas que lo contrasten.
Tuve una novia que trabajaba con
estadísticas sin que yo lo supiera. Me enteré el día que me dijo cuando quise
cortar con ella: “Tú verás, pero desde antes de que existieran las
estadísticas, nadie te ha querido ni te querrá como yo y de eso entiendo un
rato”
Aquello me derrotó y me dejó,
estadísticamente, tocado.
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