viernes, 4 de octubre de 2019

Tangos sociales





De mi columna en El Día de Zamora
Vuelvo a escuchar, después de bastante tiempo, “Silencio en la noche”, el tango compuesto y cantado por Carlitos Gardel, todo un alegato contra las guerras a través de una letra pulcra por su sentido de la decencia humana, que nos causa un desgarro profundo en el personaje central, la viejecita que se quedó muy sola, sin sus cinco hijos, pero “con cinco medallas, que por cinco héroes le entregó la patria”.
Me recuerda a la película “Salvad al soldado Ryan”, solo que el tal soldado era un pobre imbécil –no confundir con imbécil pobre- que prefería seguir en la contienda en lugar de regresar con su madre, a la que ya solo le quedaba él como hijo, después de perder a su prole en la misma contienda. Aquí, los guionistas se lucieron con una patria comprensiva, al rescate de unos valores que Ryan borró de un plumazo y un sentido patriotero que gustó mucho a varios espectadores con los que coincidí en el estreno de la película, sintiéndose, me imagino, acreedores de cualquier medalla al uso.
Volviendo al tango y al contrario de lo que mucha gente piensa, no nació para glosar al amor, al desamor, a la traición amatoria y todos esos derroteros sentimentales en los que confluyó finalmente, más por razones comerciales que por otra causa, ya que el tango fue un sentimiento social, una musa contra el desencanto argentino en  una época de su historia, en la que nacería el popular “Cambalache”, popularizado aquí por Serrat y creado por Santos Discépolo y a los que habría que añadir “Pan”, “Argentina primer mundo”… Una época, en todo caso, muy parecida a la actual y es que nuestro mundo anda y se desanda y, sobre todo, gira como en el tango, pero en un tango social.


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