jueves, 11 de febrero de 2021

Valorio, el Duero, el Románico y Zorba.

 De mi columna en El Día de Zamora


Se despide octubre con mi cumpleaños. Doy un paseo por Valorio, bajo el gris de un cielo que amenaza con mojarme, pero se queda en unas gotas que no llegan ni a dejar huella en un suelo aún húmedo por las lluvias pasadas.

De repente, se me ocurre que vivimos de espaldas a Valorio, igual que vivimos de espaldas al Duero. Qué digo: Somos una ciudad de espaldas a todo; tanto, que le damos la espalda a nuestro futuro, por mucho que nos guste presumir de románico, pero presumimos del románico porque nos lo aprendimos de memoria, de tanto repetirlo, pero sin llegar, siquiera, a nombrarlo con la facilidad que lo hacíamos con los cabos y golfos de nuestra península, allá, cuando la escuela, de la que salimos sabiendo la tabla de multiplicar de tanto repetirla cantada, como aprendimos tantas otras cosas a base de palos, “con sangre, la letra entra”, que decían entonces y sacaban pecho.

Continúo mi paseo por el bosque pensando en la columna que ahora escribo, pero pueden sobre mí esos colores otoñales que están sobre todas las cosas, que son todas las cosas y saco mi cámara fotográfica para plasmarlos.

Es entonces cuando echo de menos a Zorba, ese perro que se me deja prestado, que ahora saldría en todas las fotos sin proponérselo, porque va a su aire sin molestar a nadie. Digo lo de molestar o no, porque no hace mucho, un hombre me dijo:

-Tiene usted que llevar atado al perro- me espetó con suficiencia.

-¿Qué perro? -le digo, sorprendido.

-¡Coño, ese! -me dice malhumorado y señalando a Zorba.

-Quien usted dice no es un perro, es mi amigo -y continúo mi camino para no entrar en polémica.

A Zorba lo llevo a Valorio, porque vive de cara a Valorio. A Zorba lo llevo al Duero, porque vive de cara al Duero.

Pienso en todo ello en mi regreso, en el que continúa el cielo gris, más amenazante que antes, pero vuelve a quedarse en nada, como en nada se queda el reportaje que pensaba hacer con mi cámara y Zorba me dice, sin estar presente, “tendremos que volver mañana”.

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