De mi columna en El Día de Zamora.
Están de moda las mándalas o
mandalas, esas representaciones de simbolismo espiritual que nos están llegando
del budismo y del hinduismo, haciéndolo con la etiqueta de terapia novedosa,
como si no hubiéramos tenido por aquí los cuentos de pintar de toda la vida,
comprados para los hijos y utilizados por los padres a hurtadillas, por simple
gusto y sin sospechar que valían para una terapia que no tenían como necesaria
en el caso de que estuvieran al tanto de su existencia.
Ahora, los niños ya no quieren
cuentos de pintar porque no pintan cuentos y, por no pintar, no pintan ni monas
y su terapia consiste en llevarlos al sicólogo ante problemas que realmente no
existen, pero está de moda y a la última llevarlos, por si de rebote sirve para
algo y evitar en lo posible sus excentricidades
de niños mejor preparados que nosotros y a los que acabaremos pidiendo,
en un tiempo no muy lejano, que nos hagan los deberes para que podamos aprobar
la asignatura de la vida.
Mientras, hay que acogerse al
sexo como terapia de todas las terapias,
aunque podamos parecer monos de esos que no pintan los niños, pero que andan
por la vida de árbol en árbol, como nosotros de terapia en terapia, solo que a
ellos les sale más rentable saber que el sexo lo es por el sexo, porque gusta,
es el más placentero de los pecados y no es necesario solamente para traer
niños de los que después se llevan al sicólogo, aunque estén de moda las
mándalas, que compran los padres para si mismos, aunque sigan pintando a
hurtadillas.
Yo creo que con el sexo se cura
todo, hasta el independentismo.
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