De mi columna en el Día de Zamora
no es buen día para empezar esta
columna o sí dependiendo siempre de un estado de ánimo al que te pueda llevar
el recuerdo de una mirada que se perdió unos besos que no se dieron y que ya
nunca se darán igual que unas palabras mal dichas redichas o dichas cuando no
era menester y caían al vacío del tiempo de este tiempo en el que tanto hay que
callar para no herir para no abrir más la herida aunque maldita la gracia de
este silencio y no poder gritar una historia que está ahí pese a quien pese en
la que nadie ha pecado ni tan siquiera matado al mensajero del pasado que veía
navajas en nuestras caricias y llamaba ósculos a nuestros besos pensando que
los denigraba o bajaba de categoría nombrándolos así el muy cretino el
auténtico ladrón de unos sueños que él jamás pensó que se pudiera soñar en esas
cosas y con tanta intensidad y volverlas a soñar despiertos mientras él
mendigaba un entendimiento que no le llegaba y no le llegaría nunca y
comprendería tarde muy tarde que malgastó sus años buenos si es que alguna vez
tuvo años buenos en crucificar una idea un sentimiento que fue creciendo
enraizando con los años en ese tiempo nuestro solo nuestro más nuestro cuanto
más gastado cuanto más asediado por las dudas cuanto más expuesto en el Gólgota
a las iras de los que detestaban que no hubiera agonía y saliéramos indemnes a
nuestra manera aunque hubiera que cargar con la penitencia de una distancia que
nos acercaba más una distancia que tú te empeñaste en agrandar cuando en tu
cabecita comenzaron a anidar los pájaros que antes habían pasado de largo
después de hacer invierno y nadie comprendió ya nada salvo tú misma hasta el
día de hoy en el que yo empecé escribiendo que no es buen día para empezar esta
columna.
Madre del Amor hermoso!!!! Vaya trabalenguas, o mi cabeza no da para más a estas horas. Que son horas de soñar.
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