sábado, 31 de agosto de 2019

Cosas que pasan.




De mi columna en El Día de Zamora
En el supermercado en el que hago mi compra habitual, pregunto por un producto atípico, uno de esos que sabes lo difícil que es de encontrar, pero no te convences hasta que lo oyes en boca de quien lo tienes que escuchar. Me gustan las explicaciones de la dependienta, aunque he de reconocer que me gusta más su voz -con la que llego a fantasear- y al día siguiente le hago la misma pregunta, sin quitar ni añadir ninguna letra, ni coma ni punto y la muchacha me da la misma respuesta que el día anterior, en la que tampoco añade ni coma ni punto, ni añade ni quita letra alguna. Sigo varios días con mi estrategia –si es que se puede llamar así- para poder mirarla a ella, mirar cómo mueve sus labios, sentir cómo me penetra su voz, hasta que uno de aquellos días me dice:
-¿No llevas varios días haciéndome la misma pregunta? -me dice con una amplia sonrisa.
-¿Quién, yo? -le contesto exagerando mi extrañeza-. Es la primera que te veo y que me dirijo a ti.
-No sé por qué, pero me estás mintiendo.
-Creo que hemos sido, que he sido objeto de una broma. Tengo un hermano gemelo, quien me pidió esta mañana que viniera aquí y te hiciera la misma pregunta que te acabo de hacer, después de describirte minuciosamente para no equivocarme de persona.
-Pues será eso –parece convencida.
Sigo frecuentando el supermercado, me hago el encontradizo con ella –más que con ella, con su sonrisa y su voz.
Después de dos meses, me decido y le pido una cita.
-Llegas tarde –me dice con una voz más sensual que nunca-. Llevo un mes de novia con tu gemelo.

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